Psicología Adultos
¿Eres fácilmente influenciable? El posible daño de las creencias familiares
Las creencias familiares nos atan y a veces hacen que nos sintamos culpables por no ser como realmente nos sale ser y pensar.

Silvia González

A veces nos dejamos llevar por lo que esperan de nosotros. Ahí es cuando empieza el problema: cuando pensamos en lo que quieren los demás o en lo que "deberíamos" hacer por lo que esperan de nosotros, en lugar de pensar en lo que verdaderamente queremos.
Hay creencias familiares que hemos heredado sin ser conscientes y que nos provocan insatisfacción y frustración. Familias donde, generación tras generación, se ha educado a los hijos para seguir con el negocio familiar; esta situación puede suponer un gran peso para quienes querrían dedicarse a otra cosa. Así aparece el sentimiento de culpabilidad y frustración, provocando un conflicto interno: por un lado, la culpa y el miedo si no quieren seguir los pasos que la familia espera, porque podrían sentirse rechazados; por otro, si no hacen lo que realmente les gusta, sentirán frustración y angustia por no autorrealizarse.
En este sentido, es bueno que cortes con esas creencias que no te pertenecen. Así será mucho más sencillo pensar y actuar desde tu ser más verdadero, dirigiéndote hacia donde tú quieres. Para ello debes cortar de forma consciente con esas creencias, prestando atención a tus pensamientos y actos para ver si realmente proceden de ti o de un aprendizaje.
¿Cómo te hablas a ti mismo? Observa si lo que te dices son creencias verdaderamente propias o algo que has ido escuchando en casa y has interiorizado como tal. Una vez lo tengas identificado, reflexiona sobre si te sirve, si te ayuda y si está acorde a tus valores y a tu presente. A veces podemos sentir que estamos haciendo mal las cosas por no cumplir con lo que se espera en casa, porque así lo hemos aprendido; sin embargo, esas creencias no nos pertenecen. Obsérvalas, analízalas y modifícalas como realmente quieres. Crea la vida que quieres vivir: tú decides.
Cuando sucede esto, es posible que aparezca un mecanismo de defensa llamado negación: la persona ignora o rechaza aquella realidad que le resulta indigerible, porque reconocerla le obligaría a tener conciencia de sus emociones y, a veces, a tomar alguna acción. Surge porque aún no estamos preparados para asumir la realidad, así que tendemos a negarla, creándonos nuestra propia "película" inconscientemente, porque asumir la verdad es más doloroso.
¿Cómo sé que no me autoengaño?
Lo principal es que seas lo suficientemente emocionalmente inteligente para darte cuenta de qué te pasa. Para ello, uno debe conectar consigo mismo, sabiendo que es doloroso y costoso asumir algunas cosas. La tristeza estará ahí, pero no tengas miedo al miedo: ya sacarás fuerzas para avanzar y tener una actitud positiva.
Para estar en el bienestar, uno debe pasar por el malestar.
Vigila cómo te aconsejan
Cuando alguien nos aconseja o intenta influirnos, es importante saber si realmente tiene en cuenta las circunstancias verdaderas de la persona: cómo es, cómo es su familia, cómo está en el trabajo… Así sabremos si es consciente de las consecuencias que puede acarrear hacerle caso, ya sea en el ámbito personal, laboral, familiar, social o de pareja. Las consecuencias, al fin y al cabo, las vive la persona en sus propias carnes; por eso, a la hora de aconsejar, primero hay que analizar la historia personal del otro.
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