Pensamiento
Entrenar la mente: flexible, ordenada y despierta
Claves para generarnos paz interior, calmar el ego y desarrollar un pensamiento flexible. Entrenar la mente para que sea flexible, ordenada y despierta.

Silvia González

Libre del ego
El trabajo de la mente es algo tan necesario como costoso, ya que requiere de un profundo autoconocimiento y de una absoluta presencia, de un "ser consciente" y "estar despierto"; algo poco común en una sociedad donde abundan elementos egoicos como la inmediatez, el materialismo, los pensamientos rígidos, lo superficial (síntomas, cuerpo-dolor, etiquetas) y el automatismo, entre otros.
Hasta que no se trabaja la mente, esta se llena de inestabilidad, confusión y descontrol, generando conflicto interno y sufrimiento. Es entonces cuando la mente se hace con el poder de gobernar sobre uno mismo, distorsionando la realidad y retroalimentando emociones nocivas que roban la paz interior.
En el momento en que somos conscientes de que la mente es la única responsable de nuestros estados, percibiendo y viviendo todo en ella, nos liberamos de sufrimiento innecesario, pues el ser humano siempre podrá elegir el pensamiento y cuestionárselo. Es decir, podemos cambiar nuestros estados emocionales una vez cuestionamos el pensamiento.
Mirar hacia dentro: el trabajo interior
Purifica la percepción y alerta los sentidos. Discierne las percepciones e interprétalas adecuadamente. Si nos dejamos llevar por el ego, es fácil generar juicios y malas interpretaciones. Para ello es necesario mantenerse presente en el aquí y ahora, siendo conscientes de nuestros pensamientos, emociones y comportamientos. Una percepción limpia genera pensamientos más flexibles y requiere de sabiduría, la cual no va unida a la inteligencia.
Haz consciente lo inconsciente. Abrimos espacio a la consciencia, despertando esa parte dormida e inconsciente, dejando atrás los patrones tóxicos o nocivos que hemos ido arrastrando y que no dejan, junto con el ego, que seamos lo que realmente somos.
Sujeta al ego, haz que se equilibre. Conoce al ego y contrólalo, pues es una fuente de males: apego, envidia, poder y egoísmo. Para ello será importante observar en qué situaciones te pones a la defensiva o te sientes atacado y revisar: si escuece… revisa dentro de ti.
Educa la razón. Comunícate abiertamente, sé asertivo, respeta espacios y perspectivas diferentes y cuestiona cada pensamiento que tengas. Así facilitarás el entendimiento contigo mismo y con los demás gracias a pensamientos mucho más flexibles. Debemos ir más allá del pensamiento para, al fin, rendirnos humildemente y llegar a un entendimiento más elevado.
¿Qué tipos de pensamiento hay?
Hay un pensamiento que nos invade, irrumpe y ocupa espacio en el día a día. No nos focalizamos en él, sino que nos dejamos arrastrar, siendo nula su aportación.
Otro es un pensamiento más elaborado, ya sea bien o mal guiado por el sufrimiento, la inseguridad, el miedo o la envidia, que deshumaniza a la persona, siendo el ego el único responsable.
Y está el pensamiento flexible, lúcido, reflexivo, regido por la voluntad y la claridad mental. Es decir, la persona es capaz de diferenciar "su realidad" de "la Realidad", no se deja arrastrar por las malas interpretaciones del ego ni se siente atacada generando energía negativa.
Ser sabio…
Una vez conocemos cómo funciona el pensamiento, es más sencillo ser conscientes de si somos esclavos de nuestra propia mente. Y si llegamos a serlo, nos debemos un aplauso, pues hemos ganado terreno en el control de nuestra mente. Eso significa que podemos aprender a pensar bien y dejar de pensar tanto y mal.
No te identifiques con nada. Permítete ser, sentir o estar en lo que toque en ese momento. Nunca nada permanece igual, todo está en un continuo proceso de cambio. Cuando nos identificamos con "ser algo", hacemos que nos pertenezca y nos lo llevamos a nuestra identidad. ¿Qué sucede cuando algo va con nosotros? Empezamos a comportarnos como esa etiqueta: "tengo un problema, soy víctima", "soy ansiosa", "soy inseguro, me aíslo".
Nunca es blanco o negro. Los pensamientos extremos no nos permiten ir más allá ni ver otras perspectivas. Son pensamientos que nos mantienen en lo insano, que no dan lugar a la autocrítica, la humildad o la empatía.
Los conocimientos son transferibles; la sabiduría no. Esta nos llena de frescor, dándonos una visión clara y sana de lo que son las cosas y de cómo las percibimos. No nos permite quedarnos en lo que creemos que son las cosas o las situaciones (nuestra propia percepción). Una persona sabia es alguien que se hace con un conocimiento hiperconsciente, situándose en el aquí y ahora, no tanto en el pasado (lo que me pasó o me hizo) ni en el futuro (lo que puede llegar a pasar, el "y si…"). Permite captar lo más íntimo y real de uno mismo.
Pensamiento
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