Ansiedad
¿Vives para trabajar? El triunfador desgastado
La autoexigencia, el perfeccionismo, no saber ponerse límites y centrar el propio valor en lo que se consigue en el trabajo: el triunfador desgastado.

Silvia González

El camino hacia el éxito en la vida está en el hoy
Cinco preguntas que te ayudarán a saber si vives para trabajar o trabajas para vivir:
¿Qué haces el fin de semana? ¿Cómo cuidas tu salud?
¿Cómo te enfrentas a una discusión profesional?
¿Buscas equilibrio entre lo profesional y lo personal?
¿Dejas que los problemas profesionales te afecten en la relación con tu familia?
¿Enfocas tu valía personal en el trabajo? ¿Cómo te percibes a ti mismo?
El esfuerzo continuado y el trabajo duro son elementos clave para estar más cerca de conseguir los objetivos en el trabajo. ¿Camino hacia el éxito? Tendríamos que hablar primero de qué significa para cada uno tener éxito en la vida.
Un día más sin vivir el día a día, mirando al futuro, esperando y queriendo tener esa vida "exitosa" donde poder comprarse y hacer lo que uno quiera, lo que cree merecer después de tantas horas de sueño acumuladas. Como si el fin justificara los medios y conseguir el éxito implicara pisotearse a uno mismo, descuidándose y olvidándose de lo que es vivir.
El trabajo duro no es necesariamente "sobreocupación". Además, está demostrado que el exceso de trabajo conduce a resultados más pobres. Esta sobreocupación genera un estrés laboral, también llamado burnout. Normalmente la persona cae en la cuenta tarde, cuando ya está sufriendo incluso físicamente ese estilo de vida insano. A partir de ahí empieza a ser consciente de que su grado de exigencia y perfeccionismo ha sido el responsable de perder momentos irrecuperables a los que racionalmente nunca habría renunciado:
Divorcio por alejamiento físico y emocional de su pareja y su familia.
Los hijos crecen. Nunca hubo momentos de juego con ellos.
Los pensamientos están tan enfocados en el trabajo que no escucha a los demás.
Cuando despiertan de ese estado automático (no viven el aquí y el ahora), les invade un dolor y una pena por lo que han dejado por el camino. El hecho de mirar obsesivamente al futuro desde el "querer ser exitoso" o "querer tener ese Ferrari que siempre quise" les ha hecho dejar de vivir con plenitud cada día, únicamente porque creyeron que la ambición y la sobreexigencia les llevarían a sentirse más satisfechos. Ahora, el dinero o el reconocimiento social difícilmente consuelan. El ego se ha apoderado de ellos.
Síntomas de trabajar en exceso
Desánimo general, tristeza. La persona se siente triste y angustiada por "necesitar" cumplir con todas sus obligaciones, con sentimiento de culpa y frustración porque no logra que todo sea como espera: perfecto.
Irritabilidad. Vive en un estado de amargura en el que casi todo le desagrada. Se define como una persona seria, de las que "las cosas se hacen bien o no se hacen".
"El triunfador": autoexigencia distorsionada. "Ya habrá tiempo para eso que decís, ahora no puedo." Cree que está viviendo una gran oportunidad y, aunque sabe que está perdiendo cosas, los objetivos laborales lo valen. Cambia la felicidad, el vivir el presente y disfrutar de cada día por pensar en cómo lo disfrutará en el futuro; es decir, cambia la salud y la felicidad por dinero.
No vivas para trabajar
Trabaja menos. 8 horas diarias; si el desgaste físico, mental o emocional es muy elevado, considera las 6 horas como límite indicado. Trabajar menos no es signo de debilidad, sino de inteligencia.
Reflexiona sobre qué es para ti tener éxito en la vida. ¿La respuesta se centra en el "tener"? Para sentirnos exitosos no necesitamos atarnos a verbos como "tener" o "esperar". Valórate y aprende a quererte desde lo que eres, no desde lo que puedes llegar a tener o a ser. Cuanto más aceptes tu propia vulnerabilidad, más confianza en ti mismo y más satisfacción tendrás. Ahí es cuando realmente eres auténtico; todo lo demás te genera sufrimiento.
Escucha a tu cuerpo. El cuerpo habla, y las emociones lo hacen a través de él. El cuerpo expresa lo que la boca calla. Escucha a tu cuerpo, que quizás en algún momento te mande señales de alarma para que empieces a cuidarte y protegerte de este estilo de vida insano.
Haz introspección y observa cómo te percibes a ti mismo: autoestima. Seguramente centres tu valía personal en lo que consigues en el trabajo: "cuanto más obtenga, más valgo". Nos encontraríamos ante una baja autoestima, como si la seguridad en ti mismo estuviera disfrazada por los éxitos laborales.
Ahorra y trabaja menos. No es la cantidad, sino la calidad.
Reconoce y acepta los límites. La madurez comienza cuando eres capaz de reconocer los límites de la realidad, empezando por los tuyos. Tal vez quieras triunfar más que nadie, pero no puedes hacerlo a cambio de tu salud y tu bienestar. De hecho, si te dedicas con agrado a lo que haces y pones un "hasta aquí" a tu jornada laboral, tienes mayores probabilidades de alcanzar la excelencia. El dinero, aunque se demore un poco más, probablemente vendrá después.
El valor de cada uno se centra en ser uno mismo por lo que es. Los verbos "tener", "conseguir", "esperar" y "hacer" nos atan al sufrimiento y a una falsa seguridad. Lo superficial, que todo permanezca y nada cambie, es cosa del ego. Tengas más o menos, lo hagas bien o mal, tu valor no cambia. No busques la felicidad: el que busca espera encontrar, y eso genera sufrimiento; de esa forma, nunca nada será suficiente. A la felicidad llámala paz interior, calma y bienestar. Cuando te encuentres a ti mismo verás que esa paz está en ti, y dejarás de buscarla porque no necesitas hacer cosas para sentirte "feliz". Acepta lo más vulnerable de ti: te hará más sano y estarás más cerca de tu paz interior. Así es como te aceptas a ti mismo y aceptas la vida.
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