Psicología infantil

Deja que tu hijo sea él mismo, y todo irá mejor

El niño debe sentirse aceptado tal y como es, sin que las expectativas de los padres acaben condicionándole. La sobreprotección limita su crecimiento.

Silvia González

A los pequeños se les ayuda, se les orienta y se les protege enseñándoles a protegerse por sí mismos. Aún más importante es dejarles ser, dándoles ese espacio para que sean ellos mismos. Debemos dejar que con los años se hagan con sus propias creencias e ideas, sin sentir miedo de mostrarse tal y como son. Para ello es importante que los padres transmitan esa aceptación incondicional: de esta forma, reforzarían la autoestima del hijo.

Cuantas más expectativas tengan los padres sobre cómo debe desarrollarse la vida de su hijo, más estarán en su propia mente en lugar de estar presentes para ellos. Se puede llegar a convertir en una lucha entre lo que los padres esperan del hijo, en base a lo que a ellos les gustaría, y esa lucha acaba ocasionando muchísima frustración en el hijo, porque no se siente del todo aceptado.

Cuando se hagan adultos, llegarán a situaciones complicadas en las que sufrirán, y ahí es cuando los padres deben estar preparados para aceptar que es el hijo quien tiene que tomar las riendas de la situación, a su manera, siendo libre. Así es como evolucionará personalmente.

En ocasiones se les sobreprotege evitando que vivan situaciones dolorosas; incluso puede ser mayor el sufrimiento real de los padres que el del propio niño o adolescente. "Mi hijo no tendría que sufrir…": ese pensamiento sería la raíz del sufrimiento. Detrás de él se esconde un mensaje que hace más víctima al niño y a la situación, lo que de ninguna forma le ayuda a avanzar ni a sentirse seguro de sí mismo. Desde esa victimización se genera un estancamiento y un bloqueo que no da la oportunidad de aprender nuevos recursos para sobrellevar mejor la situación dolorosa desde una actitud positiva.

Todos, absolutamente todos —y los niños también—, vamos a pasar a lo largo de nuestra vida por cierto sufrimiento y dolor, y eso no nos hace más débiles, sino más humanos. Cuando el sufrimiento se acepta como tal, la persona avanza de forma más rápida y sana, trascendiendo el sufrimiento, porque deja a un lado el ego que nos hace pensar que no merecemos sufrir.

El ego nos dice: "yo no tendría que sufrir", y eso nos hace sufrir más.

En el momento en que los padres se relajan y dejan a un lado sus expectativas sobre lo que quieren para sus hijos, el niño se siente más libre y seguro en su mundo interno.

Los padres emocionalmente inteligentes construyen un mundo más sano, natural y emocional para el niño. Y así, todo es más sencillo.

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