Inteligencia Emocional
Las cosas que nunca hay que olvidar y siempre recordar
Claves de psicología que conviene tener presentes en el día a día. La inteligencia emocional nos ayuda a gestionar las emociones de forma saludable.

Silvia González

Cuida lo verdaderamente bueno para ti
¿Qué cosas son las que te hacen sentirte bien? ¿Cuáles son esos momentos en los que disfrutas? Cuando uno no se encuentra bien emocionalmente, es fácil que deje de lado aquello que antes hacía o disfrutaba. Está bien dejarnos nuestro espacio para estar tranquilos, sin demasiada actividad, o incluso llorar todo lo que tengamos dentro. Pero, como en todo, hay un límite, y debemos hacer algo con nosotros. La palabra "actuar" acompaña a la palabra "cambio", porque ambas implican avanzar para sentirse mejor: retoma tus hobbies, apóyate en tus amigos, muévete y haz deporte.
Cuando uno está estancado, trata de ser objetivo
Visualiza en una línea cómo ha sido tu proceso y cómo te has ido encontrando a lo largo del tiempo. Quizás sea el momento de dar un giro y probar otras cosas. Coincide con gente que te haga ver lo que tú no ves. Déjate ayudar por quienes verdaderamente quieren tu bien y saben qué es lo mejor para ti porque te conocen de verdad. A veces necesitamos que alguien nos quite esa venda a la que nos hemos acostumbrado. Aceptar implica no engañarnos y ver cómo es esa realidad para poder avanzar. Por eso, párate a pensar: ¿de qué te proteges? No te adaptes a ver una realidad que no te hace bien.
Permítete sentir, pero pon un "stop" al victimismo
Es tan importante permitirnos sentirnos tal y como nos sentimos como poner un "stop" al victimismo. Comprendernos y permitirnos sentir así no implica victimizarse. Cuando uno lo hace, entra en un estado nada beneficioso, porque no se da la posibilidad de cambiar esa situación o ese estado emocional: la emoción desagradable le empuja hacia el no hacer, el abandonarse y el compadecerse de sí mismo.
Aléjate de las personas tóxicas
Saca los desperdicios, despréndete de lo que no te aporta. Lo primero: ¿eres consciente del daño que te hace esa "basura"? Para sacarla, hay que ser capaz de saber qué está podrido o no sirve. Es posible que uno se acostumbre a tenerla en su vida; no hagas que lo anormal se convierta en normal por costumbre. Recicla, selecciona y filtra:
¿Qué cosas te intoxican en tu vida?
Quédate con lo bueno, con lo que te hace sentir lleno y sano.
Selecciona lo que no te hace bien y sé capaz de quitarte lastres. Eres dueño de tu vida: habla, haz un buen nudo a la bolsa y déjala ir. La basura se saca cada día, no la acumules.
Así vivirás con vida, porque respirarás aire puro.
Nunca te dejes pisar por nadie
Siempre hay que tener presente si estamos donde debemos estar, en nuestro sitio, defendiendo nuestros derechos e intereses. Cuando somos asertivos, dialogamos sin faltar al respeto, manteniendo un tono adecuado y defendiendo por qué consideramos que no nos deben hablar así, sea nuestro jefe, un compañero o un hermano. Cuando la otra persona se muestra agresiva, sin tener en cuenta nuestra opinión, ser asertivos resulta más incómodo y difícil, pero siempre debemos mantenernos donde tenemos que estar. Así nos sentiremos más seguros.
No culpes a la gota que colmó el vaso
Házte cargo de la comodidad con la que te sientas a esperar a que el vaso se llene. Tenemos la costumbre de no enfrentarnos a las cosas: acumulamos emociones, cosas que decir, recuerdos enquistados… que finalmente acaban saliendo de manera descontrolada. Por eso: dedica un tiempo a saber qué te pasa; no tengas miedo de enfrentarte, sé libre, que nada te ate; y verás que así las cosas buenas y saludables llegan antes.
A veces hay que seguir el camino: como si nada, como si nadie, como si nunca
Como si nada nos entorpeciera el camino, porque todos los caminos son un aprendizaje. Como si nadie pudiera condicionarnos, porque somos libres y llevamos las riendas de nuestra vida. Como si nunca hubieras estado tan seguro de ello.
Tú llevas el coche; el coche no te lleva a ti
Imagina que la vida es como conducir un coche. Somos conscientes de cuándo lo ponemos en marcha, cuándo frenamos ante una señal que nos indica precaución (stop) y cuándo debemos ceder el paso a otros. Lo mismo sucede en la vida: uno nunca debe dejarse llevar por el automatismo del día a día, sino ser consciente de cómo está actuando, qué camino va a coger y, sobre todo, cuál es su destino o meta. Conocer los caminos posibles nos da seguridad y tranquilidad, porque estamos organizando nuestro plan. Si no planificamos ni nos marcamos paradas y objetivos a corto plazo, llegará un momento en que nos desmotivemos. Por eso es vital buscar una motivación y ser conscientes de qué necesitamos para llegar a donde queremos. En el momento en que sientas que no tienes el control del coche (de tu vida), reflexiona y comprende que esa ansiedad no es más que un aviso de que algo está fallando en ti. No tengas miedo de conectar con tu mundo interno y piensa qué necesitas para llevar mejor el coche: así conseguirás sentirte más seguro.
Inteligencia Emocional
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